Esta medida, subrayó, no es humana ni justa y tampoco se apega a la Declaración de Independencia de ese país que establece que el ser humano tiene derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.
“No han encontrado aquí la felicidad mis compatriotas y si la han encontrado ha sido porque nuestro pueblo es muy grande y se impone a los obstáculos, a las dificultades y al sufrimiento”, expuso.
Esas personas migrantes, dijo, ya son parte de Estados Unidos, pues se trata de ciudadanos estadounidenses que contribuyen con sus impuestos y no reciben nada a cambio, pero sí “reciben desprecio, maltrato y racismo”, a pesar de que con su trabajo y su cultura “han enriquecido a esta gran nación”.
“Podría hablar sólo de los mexicanos, pero estoy hablando de todo ser humano que migró aquí, pensando que era la tierra de las libertades, de las oportunidades, donde podrían salir adelante, y no han pedido nada regalado, ni siquiera tienen un programa social, les niegan hasta una licencia, les niegan el trato humano más elemental”, señaló.
Destacó que millones de personas migraron a Estados Unidos y viven aquí desde hace décadas, de muy diferentes nacionalidades. Hay quienes desde hace más de 30 años llegaron a trabajar a la Unión Americana y con su esfuerzo han contribuido a la riqueza de este país, han creado negocios y sólo por no ser anglosajones se les discrimina, persigue, incrimina, hostiliza y se pretende sacarlos de ésta, que es su patria.
En el caso de las mexicanas y los mexicanos, asentó, el volumen económico que generan es de 3.7 trillones de dólares, “y no están pidiendo nada que no les pertenezca”.
Por ello, expresó, “le pido que abra su corazón, que se asuma que el color de piel no tiene ninguna relevancia”.
Recordó que Martin Luther King luchó a mediados del siglo XX por la igualdad entre afroamericanos y blancos, y pagó con su vida por una “exigencia tan básica” como lo es el respeto a la dignidad del ser humano. (Boletín, Senado)








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