Garcí Nieto en ningún caso se disculpó; por el contrario reconoció la autoría de sus contenidos y cuando la senadora Chávez anunció que lo demandaría judicialmente, se dijo perseguido por lo que, dijo, es “una dura dictadura disfrazada de progresismo”.
Lo cierto es que el cartonista, de acuerdo a los términos actuales de la Constitución, si se expone a ser considerado sujeto de la acción penal. El artículo 7° de la Carta Magna establece que:
“Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni coartar la libertad de difusión, que no tiene más límites que los previstos en el primer párrafo del artículo 6° de esta Constitución…”
Y ese primer párrafo del artículo 6° -por cierto reformado el 11 de Julio de 2013- dice al respecto: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros…”
En esa fecha el gobierno era presidido por Enrique Peña Nieto, de manera que la “dura dictadura” de que se queja el cartonista por la acusación de la que probablemente sea objeto, tiene autoría en una administración priísta y una legislatura del mismo signo tricolor.
Los denuestos y demás vilezas con las que el caricaturista se ha referido a mujeres políticas plantean sin duda un dilema que alcanza a todas, pero especialmente a las militantes de todos los partidos políticos.
Y eso es importante porque claramente se trata de expresiones de un machismo cavernario, cuando mucho, anclado en el Medievo, y que desde el siglo XIX comenzó a ser duramente cuestionado, y si bien ha perdido fuerza, quedan más que resabios y reductos que, en México, se expresan a diario en desapariciones y feminicidos.
¿Las mujeres de Acción Nacional, del Revolucionario Institucional; las perredistas que aún queden, las de Movimiento Ciudadano, habrían de expresar su solidaridad con las morenistas agredidas, vilipendiadas?
¿O acaso por sus diferencias políticas e ideológicas preferirán sumarse a las agresiones del cartonista que, por cierto, ha demandado la solidaridad de Reporteros sin Fronteras y de otras organizaciones internacionales porque se dice perseguido y acosado por el gobierno actual?
Si este fuera el caso, querrá decir entonces que la división en México es mucho más grave de lo que hemos visto, porque no se trataría sólo de las enormes diferencias entre proyectos políticos sino entre conservaduristas y progresistas; entre el retroceso y la evolución.
Pero como se decía al principio, mejor que existan tipos como Garcí: abiertos, cínicos y abyectos, tipo Trump. Así la izquierda y más bien la Nación entera sabremos de qué tipo y de qué tamaño es el enemigo.

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