Rubén Vázquez Pérez
No queda del todo clara la razón por la que Ricardo Alemán perdió los espacios de opinión en la más poderosa televisora del sector privado, Televisa, y en la más importante estación de tv del sector público, Canal 11. Y por lo que se vio, ambos fueron ceses fulminantes.
Pero llama la atención sobre todo la decisión de la televisora del Instituto Politécnico Nacional; porque la cancelación del programa Despertador Político que conducía el columnista en las madrugadas fue tan súbita como su inicio, de apenas semanas atrás.
Inicio y fin de la emisión parecen haber sido órdenes de la instancia a la que la institución de educación superior y Canal 11 se sujetan, que no es otra que la Secretaría de Educación Pública, es decir, el Ejecutivo federal. O más precisamente, la Presidencia de la República.
Sorprende el cese en este caso porque –de haberse decidido en la más alta instancia gubernamental-, no haría sino confirmar que hay en el Presidente Enrique Peña Nieto un intempestivo cambio de opinión que, desde luego, debe tener también sus razones.
Rubén Vázquez Pérez
Platicaba hace un par de semanas con una amiga acerca de las tendencias que arrojan las encuestas, la mayoría de las cuales, si no es que todas, dan favorito a Andrés Manuel López Obrador para la Presidencia de la República; a Claudia Scheinbaum para el gobierno de la Ciudad de México y, en general, a los candidatos de Morena al Congreso.
El punto central era la inclusión de Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, en la boleta electoral. Y sus implicaciones. “¿Tú crees que si el Peje gana, lo va a dejar llegar?”, me decía mi amiga, con ese cuestionamiento simple, contundente, de meridiana claridad. Es decir: a como están las cosas, mi amiga se refería al último recurso que le va quedando a la élite del poder.
Palabras más o menos, me decía que si la máxima autoridad electoral del país se había atrevido a incluir al ex gobernador de Nuevo León, a pesar del cúmulo de irregularidades evidentes que justificaban precisamente que no se le incluyera: “… pues igual al Peje le pueden anular miles, cientos de miles, hasta millones de votos para invalidar su triunfo e impedirle, por tercera vez, que llegue a la Presidencia. ¿Qué les cuesta, son la máxima autoridad, no crees?”.
Así me lo dijo una ciudadana que no hace más que mantenerse informada por lo que escucha, le platican o alcanza a leer; una mujer que no milita en partido alguno y que, como muchas, se encuentra más bien limitada para trascender de su entorno familiar y burocrático.
Y justo este Jueves 19 se publican declaraciones del subcomandante Galeano del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) precisamente en el mismo sentido: que por más reformista que sea, a López Obrador sencillamente, no lo dejarán llegar.
Todo lo que conformó la vida del doctor Aureliano Urrutia Sandoval, hombre predestinado que nació el 6 de junio de 1872 en Xochimilco, fue brillante y está rodeada de misterios e hipótesis hasta ahora no comprobadas. Lo que si es cierto es que fue un médico y político sobresaliente. Tuvo una destacada labor como cirujano; fue Secretario de Gobernación en el gabinete del golpista Victoriano Huerta y una vez en el exilio tejano, fue el primer especialista que separó exitosamente, a nivel mundial, a unos hermanos siameses.
Ernesto Soto Paez
Antes de ser elegida como la primera medico partera, Matilde P. Montoya, enfrentó un mundo controlado por los hombres, quienes le hicieron la vida imposible y amargaron sus deseos de superación personal, hasta que debió intervenir el presidente Porfirio Díaz para abrirle paso al futuro. Su nombre completo fue Matilde Petra Montoya Lafragua y nació en la Ciudad de México el 14 de marzo de 1857.
Fue hija única de Soledad Lafragua, era originaria de la Ciudad de Puebla, quien al quedar huérfana fue llevada al Convento de la Enseñanza, en la Ciudad de México, donde aprendió a leer y escribir. Matilde fue educada como hija única.