“¡Ya cállese pinche vieja!”, le gritaba a la señora migrante.
“¿Por qué le pegaste?, tú lo abofeteaste, si él no te hizo nada y es un niño de 10 años”.
“¿Y qué?, ¡yo tengo 11!”, contestaba mientras se acercaba intimidante.
“Si nosotros no le pedimos nada a nadie, ¿por qué le pegaste y le tomaste fotos?” La señora no daba un paso atrás ni bajaba volumen a su indignación.
Los amigos del valentón se habían quedado atrás. Y éste al verse solo dejaba de lado la amenaza y regresaba rápido a donde le esperaban.
Así, se fueron a paso lento –entre divertidos e impunes-, hasta el final de la calle.
La señora lloraba pero de rabia, mientras –como para sí o para quien quisiera escucharla- continuaba a gritos el relato de lo sucedido.
En la colonia Vallejo, Alcaldía Gustavo A. Madero, sucesos así comenzaron a menudear hace algunos años. Ahora fue contra una madre y su hijo migrantes, pero antes las víctimas han sido los propios vecinos residentes.
Llama la atención que en este caso un menor de edad le tomara fotos a otro menor de edad, luego de que instantes antes lo amenazara, abofeteara y lo medio desnudara.
Al parecer, con premeditación, alevosía y ventaja. Y es que también desde hace algún tiempo es sabido que organizaciones criminales reclutan a menores de edad para ciertas tareas.
En esta colonia, muchos vecinos lo saben -porque a diario lo ven- que hay gente que se dedica a la distribución de drogas.
Estos narco menudistas son personas que se han apropiado por la fuerza de domicilios particulares y han incurrido en desalojos violentos e ilegales de sus ocupantes y, desde luego, amenazas de por medio.
Hasta ahora se sabía que los menores reclutados por estos delincuentes se dedicaban a “halconear”, esto es, a vigilar si en las cercanías del centro de distribución de drogas se acercan bandas rivales –uniformadas o no- para de inmediato avisar del eventual peligro.
Pero nada asegura que a los chicos ahora los obliguen a tomar este tipo de fotos.
¿Cómo para qué?, cabría preguntarse.
Pues también es conocido que las organizaciones delincuenciales se han diversificado y, además de la venta y distribución de drogas, trafican con armas... o personas.
Los secuestros y las desapariciones, se sabe también, son parte de esa diversificación delincuencial. Y el secuestro sería el mecanismo para abastecer a mercados como el de la esclavitud, la pornografía -incluida la infanti-l o el tráfico de órganos humanos.
Es una mera hipótesis, fantasiosa y, desde luego, difícil de comprobar. Pero se enmarca en un proceso de degradación y deterioro social que no sólo ocurre en esta colonia, sino en el país todo, y se viene dando desde hace mucho, mucho tiempo.
Lo cierto es que ya pasaron seis años de atacar las causas de la creciente inseguridad en el territorio nacional.
Y no hay aún percepción alguna de que las cosas estén por mejorar.